Apaga y vámonos:
Cuando la reflexión íntima hace posible encontrarnos de frente con nuestras más solventes soledades, es fácil llegar a la conclusión de que demasiados actos de la vida son episodios de un permanente culebrón sobreactuado.
Demasiadas veces la convivencia y sus consecuencias nos convierten en diminutos actrices o actores, hámsters girando sobre una rueda sin fin, enjaulados por relaciones que lo único que aportan es más aceite para que esa rueda nos fuerce, con más agilidad y perversión, a insistir en la permanente fatiga del avance hacia la nada.
La mejor puerta de salida de esa jaula es la indiferencia, esa actitud que toma su mayor fuerza y dignidad cuando brota desde la indignación.
La indiferencia es el "apaga y vámonos" de la convivencia, el amianto que nos protege de los fuegos con los que otros quieren asar y condimentar nuestros sentimientos y de venires. Porque el amor y el odio, aunque sea desde extremos bien opuestos, siempre aproximan; porque lo único que definitivamente separa es la indiferencia.
Luchar contra lo que no interesa es una opción muy personal. Pero la lucha muchas veces provoca la contrarréplica, el uno frente al otro: la rueda de las malditas historias interminables.
La indiferencia es envolverse de la suficiente indignación para irse sin ruido, recuentos ni historia. Es el adiós de boca cerrada, aquella en la que, como dice el dicho popular, no entran moscas
Ángela Becerra.
¨Lo único que puedo decirles a ustedes es que si me hacen una pregunta y no sé la respuesta, les diré directamente que no sé la respuesta, pero también buscaré la forma de encontrarla, y cuando la tenga, se la daré. ¨
jueves, 9 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
HOY
"Hoy es uno de esos días
en que uno sólo espera que alguien le diga algo bonito
algo que le saque de sus decepciones circulares
de una historia de amor pasada de rosca
o de la inquietud de esperar sentado
un cambio de viento.
Porque la mayoría de las cosas que terminan
no te dejan cesantía
y a veces resulta agotador
tratar de ser tan fuerte
y saber las pocas probabilidades
de que este jueves nos deje
un final de cine entre las sábanas.
Uno de esos días en que
uno tiene ganas de cambiar de domicilio
para instalarse en un presente más amable
porque a veces la vida es injusta
y te secuestra un invierno áspero
y el porvenir es sólo un niño mal vestido
al que hace falta sólo un gesto para cambiar de traje,
justo ese gesto
que hoy soy incapaz de encontrar."
Marwan.
Hoy es uno de esos días
en los que te identifican tanto unas palabras
que llorarías por compartirlas a media noche,
para ahuyentar este oscuro otoño,
esta incipiente sensación,
arrancar la nostalgia sostenida.
Uno de esos días en los que
te abandonas sobre tu cama,
cierras los ojos,
aprietas los puños con fuerza
y rezas lo poco que sabes
para que amanezca un Viernes despejado
y que llegue ese ago bonito
y que llegue ese cine
aunque a ti solo te haga falta un gesto...
en que uno sólo espera que alguien le diga algo bonito
algo que le saque de sus decepciones circulares
de una historia de amor pasada de rosca
o de la inquietud de esperar sentado
un cambio de viento.
Porque la mayoría de las cosas que terminan
no te dejan cesantía
y a veces resulta agotador
tratar de ser tan fuerte
y saber las pocas probabilidades
de que este jueves nos deje
un final de cine entre las sábanas.
Uno de esos días en que
uno tiene ganas de cambiar de domicilio
para instalarse en un presente más amable
porque a veces la vida es injusta
y te secuestra un invierno áspero
y el porvenir es sólo un niño mal vestido
al que hace falta sólo un gesto para cambiar de traje,
justo ese gesto
que hoy soy incapaz de encontrar."
Marwan.
Hoy es uno de esos días
en los que te identifican tanto unas palabras
que llorarías por compartirlas a media noche,
para ahuyentar este oscuro otoño,
esta incipiente sensación,
arrancar la nostalgia sostenida.
Uno de esos días en los que
te abandonas sobre tu cama,
cierras los ojos,
aprietas los puños con fuerza
y rezas lo poco que sabes
para que amanezca un Viernes despejado
y que llegue ese ago bonito
y que llegue ese cine
aunque a ti solo te haga falta un gesto...
lunes, 30 de agosto de 2010
Una pequeña nota.
Las personas que publicamos nuestros escritos, pensamientos, o reflexiones en un lugar público nos exponemos al copypaste. Cosa no molesta e incluso grata si el motivo es la identificación o reconocimiento del mismo. Pero no olviden que no son palabras que salgan de su boca, y llamo a la puntualización del nombre del verdadero autor, o al mínimo un entrecomillado.
Con todo esto, me demuestras una vez más lo que eres y lo que pretendes parecer.
Con todo esto, me demuestras una vez más lo que eres y lo que pretendes parecer.
Y me miraste asustada.
Jugando a ser equilibristas nos torcimos más de un tobillo. Yo intenté bajarme en varias ocasiones, tú me mirabas vacilante y desafiabas la altura a la que estaba, estabamos suspendidos.
Mientras mis piernas se hacían más cortas y patosas, tu flexibilidad aumentaba hasta creer ver como tocabas con un pie el suelo y con la punta del dedo gordo del otro, nuestra cuerda de ensayo. Porque no fue más que eso, un ensayo, atreviéndome a pluralizar la palabra aprendiz.
Y entre aprendices y no, aprendí a hacer nudos marineros. Nudos fuertes, que no seguros, por los que me mantuve en ese espejismo de altura durante más tiempo que personas profesionales en el arte del equilibrio. Aprendí a manipularla, nunca tanto ni de las misma forma que tú. O quizá aprendí a zamparme el miedo a esas cicatrices internas que hoy trazan mi bandera, por valiente, inoportuna valiente.
Y no sé como fue que entre tu larga, descuidada, y cambiada uña; y mi fatiga que se hizo crónica, hoy me encuentro aquí, sentadita en el suelo, con los pies bien apoyados, que como dicen, es la única manera de tocar el cielo.
Y es que ¨Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado¨
Mientras mis piernas se hacían más cortas y patosas, tu flexibilidad aumentaba hasta creer ver como tocabas con un pie el suelo y con la punta del dedo gordo del otro, nuestra cuerda de ensayo. Porque no fue más que eso, un ensayo, atreviéndome a pluralizar la palabra aprendiz.
Y entre aprendices y no, aprendí a hacer nudos marineros. Nudos fuertes, que no seguros, por los que me mantuve en ese espejismo de altura durante más tiempo que personas profesionales en el arte del equilibrio. Aprendí a manipularla, nunca tanto ni de las misma forma que tú. O quizá aprendí a zamparme el miedo a esas cicatrices internas que hoy trazan mi bandera, por valiente, inoportuna valiente.
Y no sé como fue que entre tu larga, descuidada, y cambiada uña; y mi fatiga que se hizo crónica, hoy me encuentro aquí, sentadita en el suelo, con los pies bien apoyados, que como dicen, es la única manera de tocar el cielo.
Y es que ¨Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado¨
martes, 15 de junio de 2010
Que me niego.
Sí, sí: me niego.
Que esta vez voy a permitirme dejar de lado tanta reflexión, tanto trasfondo y tanta consecuencia positiva; y voy a cogerme una pataleta de niña chica.
Que no quiero que se acabe. Que me parece injusto tener que tirarme de la cima al poco de llegar. Y que no quiero volver al suelo.
Que sí, que ya lo sé. Que tenía fecha de caducidad previa. Que era efímero y había intentado no empaparme tanto.
Pero, ¨es lo que hay, es lo que toca, y en las cosas del amor (corazón), es mejor no abrir la boca¨.
QUE OS VOY A ECHAR DE MENOS, y no quiero tener que hacerlo.
Que esta vez voy a permitirme dejar de lado tanta reflexión, tanto trasfondo y tanta consecuencia positiva; y voy a cogerme una pataleta de niña chica.
Que no quiero que se acabe. Que me parece injusto tener que tirarme de la cima al poco de llegar. Y que no quiero volver al suelo.
Que sí, que ya lo sé. Que tenía fecha de caducidad previa. Que era efímero y había intentado no empaparme tanto.
Pero, ¨es lo que hay, es lo que toca, y en las cosas del amor (corazón), es mejor no abrir la boca¨.
QUE OS VOY A ECHAR DE MENOS, y no quiero tener que hacerlo.
martes, 8 de junio de 2010
(re)tomando.
Si empiezo algo, no me gusta abandonarlo. Y si lo hago, lo anuncio y lo cierro. Es cierto que ultimamente me cuesta publicar todo lo que va más allá de un robado. Barajeé dar brocha final a lo que empezó hace ya 8 meses. Pero por no querer dar un pasito atrás el día que me pique actualizar, junto a la gente que sé que lo seguiís, he descartardo el hacerlo.
Pasa como en la vida, ¿no?. Ventanitas abiertas se convierten en grandes buracos a la hora de evolucionar. O las conviertes en sólidas puertas que te permitan retomar y avanzar por el mismo camino; o las bloqueas negándole la posibilidad al tropiezo.
También puedes jugar en los buracos: una de cal, una de arena. Hasta que la cal pese más, o la arena sea más fina y blanca.
Apareciste como un soplo de aire fresco para darme otras alas diferentes a las ya conocidas; para situarme en otra dimensión. Tanto para encontrarme en lo que un día construí, como para ni intuirme tiempo atrás. Apareciste, sí. Cuando más te reclamaba.
Y ahora,
ahora no sé si es la maravillosa vida fácil y posturita a la que te empuja Salamanca, o que yo he cambiado algo. Pero no le doy la misma importancia a lo que antes me parecía un tsunami. No me interesan los temas de siempre, algunos rozan lo ridículo. Repelo los bares vacíos de vida, carentes de humildad. Las fiestas inútiles. La gente de la noche. Tú, con tus marcas, con tus mil ¨amigosdefiesta¨, con tu falso saludo y tu hipócrita sonrisa. Tú que miras por encima del hombro cuando hablar contigo es un ensayo de conversación.
Odio tu risa escandalosa. Y tu forma de hacerte fotos. Que estés pendiente de meter cuello en los grupos más COOL; que haya grupos COOL; o peor, que sean considerados COOL.
Pero sobre todo, lo que más odio de mi ciudad natal, es no encontrarte. No recrearme en un café. No ilusionarme con un paseo. No temblar escuchado una canción [o sí, pero no contigo al lado]. Que con un solo argumento pongas patas arriba todo lo que te he contado minutos antes. Que seas tú, que sea yo. Y que juntos seamos mucho más.
Que me cansé de pasar de largo, o ver pasar los días. Que son muchos años ya. Que no quiero volver a lo mismo.
Solo que ahora, gracias a mi soplo, soy bastante más inteligente para sobrellevar(te/os/lo). Y te sonreiré igual de falsa, igual de hipócrita, igual de gilipollas que tú, pero con un cerebro mucho más grande, o al menos más trabajado.
Y a tí, te seguiré buscando.
Tener que (obligación) volver al punto de partida no significa dar un paso atrás cuando regresas con equipaje digerido.
Buenas noches.
Pasa como en la vida, ¿no?. Ventanitas abiertas se convierten en grandes buracos a la hora de evolucionar. O las conviertes en sólidas puertas que te permitan retomar y avanzar por el mismo camino; o las bloqueas negándole la posibilidad al tropiezo.
También puedes jugar en los buracos: una de cal, una de arena. Hasta que la cal pese más, o la arena sea más fina y blanca.
Apareciste como un soplo de aire fresco para darme otras alas diferentes a las ya conocidas; para situarme en otra dimensión. Tanto para encontrarme en lo que un día construí, como para ni intuirme tiempo atrás. Apareciste, sí. Cuando más te reclamaba.
Y ahora,
ahora no sé si es la maravillosa vida fácil y posturita a la que te empuja Salamanca, o que yo he cambiado algo. Pero no le doy la misma importancia a lo que antes me parecía un tsunami. No me interesan los temas de siempre, algunos rozan lo ridículo. Repelo los bares vacíos de vida, carentes de humildad. Las fiestas inútiles. La gente de la noche. Tú, con tus marcas, con tus mil ¨amigosdefiesta¨, con tu falso saludo y tu hipócrita sonrisa. Tú que miras por encima del hombro cuando hablar contigo es un ensayo de conversación.
Odio tu risa escandalosa. Y tu forma de hacerte fotos. Que estés pendiente de meter cuello en los grupos más COOL; que haya grupos COOL; o peor, que sean considerados COOL.
Pero sobre todo, lo que más odio de mi ciudad natal, es no encontrarte. No recrearme en un café. No ilusionarme con un paseo. No temblar escuchado una canción [o sí, pero no contigo al lado]. Que con un solo argumento pongas patas arriba todo lo que te he contado minutos antes. Que seas tú, que sea yo. Y que juntos seamos mucho más.
Que me cansé de pasar de largo, o ver pasar los días. Que son muchos años ya. Que no quiero volver a lo mismo.
Solo que ahora, gracias a mi soplo, soy bastante más inteligente para sobrellevar(te/os/lo). Y te sonreiré igual de falsa, igual de hipócrita, igual de gilipollas que tú, pero con un cerebro mucho más grande, o al menos más trabajado.
Y a tí, te seguiré buscando.
Tener que (obligación) volver al punto de partida no significa dar un paso atrás cuando regresas con equipaje digerido.
Buenas noches.
miércoles, 2 de junio de 2010
Callejeros: Lisboa.
Para el que quiera conocer un poquito más sobre la capital Lusa...
Buen reportaje el de estos ¨callejeros¨.
Buen reportaje el de estos ¨callejeros¨.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)